Madrugadita sin calma


      Desde que ella se fue, el barrio está callado. Ya no ríe, no canta, no habla, no pasa nada. Lo único que se escucha es la brisa del viento, piar de algún pájaro y el ruido de los autos. El cielo está constantemente nublado, nunca un rayo de sol ilumina y da felicidad. Todo desde aquel día que la encontraron muerta sobre su cama.
      El proceso se dio de a poco, desfallecida quedó por la madrugada, eso le impidió pedir ayuda mientras su corazón se debilitaba. La acción que había cometido venía ya empezada hace rato y le dio un giro inesperado a su vida. Estaba mal, se sentía gorda sin razón. Había empezado hace tres meses, aproximadamente, a tomar unas pastillas, esas que te cierran el estómago. Le habían resultado, pero la inevitable pelea consigo misma no terminó.
      A dos meses de haber comenzado a ingerirlas ya formaban parte de la rutina. Antes de cenar tomó una pero esta vez no le hizo efecto. Comió, disfrutó de su plato favorito con la conciencia tranquila de que había tomado su salvación. Notó que no paraba de comer cuando en general al segundo bocado no quería más. Después al darse de cuenta lo que había pasado, se sintió muy culpable y no tuvo peor idea que provocar el vómito. Notó que esa manera era mucho más práctica y gustosa, podría disfrutar de las comidas sin engordar. La llevó a la práctica dos semanas, hasta que su cuerpo no dio más. Sus órganos ya venían en decadencia, estaban muriendo lentamente y ella lo notaba pero no quería creerlo. Empezó con otros problemas, había momentos en los que se quedaba tildada y dura como una estaca, otros en los que no entendía lo que pasaba a su alrededor, mareos y ese tipo de cosas. El día de su muerte las cosas empeoraron, por primera vez le costó levantarse cuando generalmente no necesitaba más que un envión para empezar el día,  se agitaba por nada y todo el tiempo tenía hemorragias nasales. Pensó en parar con eso de la comida, pero creyó que esos síntomas eran normales en las chicas delgadas como ella; también pensó en algún momento que iba a morir, pero descartó esa idea porque le daba miedo tan solo pensarla. Por la noche, después que de todos se durmieron, fue al baño e hizo lo de siempre. Esa noche, sintió cosas y cuando ya la acción estaba hecha, se acostó para dormirse, pero de repente comenzó a pensar en todo lo que había vivido, en sus amigas, familia, compañeras, en los chicos del barrio, en las vecinas y ahí, en ese momento, empezó a temer. Tenía miedo, mucho miedo. Intentó levantarse para pedir ayuda pero ningún miembro le contestaba, solo sentía su cuerpo adormecido y se veía desde arriba a ella misma, parecía dormida tranquilamente pero ella no recordaba haberse entregado a los sueños. Se veía fea, raquítica, indefensa y moribunda. En eso, no sintió ya su cuerpo, no había nada que hacer, ya era tarde.
      Sufrió en los últimos minutos, se cree, al no poder hacer reaccionar su cuerpo a sus órdenes.
      Todo se  entristeció con esa noticia, ya nada quedó con vida. Una joven amorosa y bella cayó por querer ser flaca como si eso significara algo, quien le haya metido en la cabeza esa idea es un tarado o una tarada superficial, la arruinó y la hizo atentarse contra ella misma. La pelea continua entre ella misma terminó y también su corta vida.



(...)Está esperando el juicio a la otra parte del alma Que injustamente seguro pierdo, y después lloro.Por perder el control, lo pierdo todo(...)

(...)Arrodillarme a los excesos de esos fantasmas que no están presos Porque están sueltos, en mi cabeza(...) 

(...)Más buscas, más lloras, hay una cabeza que no tiene paz (...)

(...)Y no entendés y no escuchas, hay unos ojitos que van a llorar(...)

(...)Nochecitas cotidianas, me hago el muerto, como el huracán. No me extrañes, ni me llores, salvame de mis terrores(...)

 Extractos de "Mis madrugaditas" de Tan Bionica



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