La noche menos soñada
En la esquina
de Paraguay y Laprida, sentados estaban unos jóvenes tomando cerveza en la
calurosa noche. Martín, estudiante de
Sociología en la UBA y su hermano Gonzalo,
estudiante de Medicina en la misma universidad; también estaban Franca, graduda
de la facultad de Agronomía de Bahía Blanca y su hermano Joaquín, estudiante de
dirección de sonido en la ENERC. Se conocían de Bahía Blanca, habían compartido
fogones, campamentos finales, servicios, miles de sábados y otras tantas misas
del domingo,otras tantas actividades en los Scouts. Nadie sabía lo que
ocurriría esa noche, no había por qué temer,
o al menos ellos no temían a nada. Había sido una larga jornada de
trabajo barrial en Piedrabuena, sentarse a descansar era lo que querían. Estaban
viviendo tiempos difíciles y de mucho terror en Argentina, pero ellos no
temían.
De repente,
llegaron los milicos. Ninguno de los chicos se sorprendió, sabían que eso tarde
o temprano les pasaría como había pasado con tantos otros compañeros y amigos
militantes.
Intercambiaron
miradas con los recién llegados, no era necesario decir nada, percibieron la
violencia y el terror por medio de sus ojos. Los encapucharon, los subieron a
un Falcón negro y se los llevaron para siempre.
Después de
largos minutos de viaje, llegaron a lo que sería su primer o último paradero
desconocido.
Los tuvieron
once meses, torturándolos para que dijeran donde estaban los que encabezaban el
movimiento montonero y abusando sexualmente, en el caso de Franca que muere
después de dar a luz, diez meses después de su desaparición.
Llegó el día
en el que deciden asesinar a los tres que habían secuestrado con la luna de
testigo aquél 25 de Septiembre. Gonzalo fue el valiente que contra el paredón y
frente a la muerte, se animó a decir estas palabras: “En cada barrio, en cada
rincón de este país, en todas partes donde se sufre y se comprende, hay hombres
como nosotros. Yo he luchado. He probado mis fuerzas y estoy seguro, eso… no
muere.Las personas mueren, pero sus ideas no morirán…” Las esperanzas de volver
a casa se perdieron, ya las balas atravesaron los cuerpos. El tiempo se detuvo
y nunca más volvería a correr.
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