Madrugadita sin calma
Desde que ella se fue, el barrio está callado. Ya no ríe, no canta, no habla, no pasa nada. Lo único que se escucha es la brisa del viento, piar de algún pájaro y el ruido de los autos. El cielo está constantemente nublado, nunca un rayo de sol ilumina y da felicidad. Todo desde aquel día que la encontraron muerta sobre su cama. El proceso se dio de a poco, desfallecida quedó por la madrugada, eso le impidió pedir ayuda mientras su corazón se debilitaba. La acción que había cometido venía ya empezada hace rato y le dio un giro inesperado a su vida. Estaba mal, se sentía gorda sin razón. Había empezado hace tres meses, aproximadamente, a tomar unas pastillas, esas que te cierran el estómago. Le habían resultado, pero la inevitable pelea consigo misma no terminó. A dos meses de haber comenzado a ingerirlas ya formaban parte de la rutina. Antes de cenar tomó una pero esta vez no le hizo efecto. Comió, disfru...